miércoles, 25 de septiembre de 2013

A caminar...



Como se suele decir, cada final es un nuevo comienzo. Llegamos al final del curso Usos Pedagógicos de las Redes Sociales, con un patrimonio de experiencias compartidas, de conocimientos nuevos e ideas para implementar con nuestros estudiantes, que sobrepasa, en mi caso, todas las expectativas que me había generado. Hemos puesto en práctica el aprendizaje colaborativo en red en uno de los módulos del curso, experiencia que destaco como una de las mejores. Hemos descubierto pensadores y pedagogos que analizan los procesos de enseñanza-aprendizaje en los tiempos que vivimos, y nos proporcionan herramientas y ejemplos concretos para incorporar las TICs y las redes al aula. Nuestro espíritu crítico se ha visto desafiado en varias oportunidades debiendo pronunciarnos sobre conceptos como la ciudadanía digital,  la identidad digital y las netiquetas. Reflexionamos, analizamos, hicimos autocrítica, colaboramos, pedimos ayuda y la recibimos, comprobando los beneficios de esta inmediatez que permite la red. Y aunque en mi caso las redes sociales no me eran ajenas, no las había utilizado para co-crear conocimiento, hablando en términos de Conectivismo.
 Es fácil ahora proyectar todo esto al aula e imaginar cuánto se beneficiarán nuestros alumnos si logramos replicar con ellos lo vivido en el curso. El proyecto que aquí comparto, Mi proyecto Final Redes, es entonces una culminación y un principio, ya que de aquí en más transitaré un nuevo camino en procura de despertar en los estudiantes el mismo interés y ganas de seguir aprendiendo, que estas nuevas posibilidades han despertado en nosotros. Me gustaría concluir esta semi-despedida,  parafraseando al gran científico Ilya Prigogine, ganador del Premio Nobel de Química por su trabajo sobre estructuras disipativas, que conocimos en este curso:  Es lejos del estado de equilibrio, que aparecen las grandes soluciones. El docente dispuesto a desequilibrar la estructura impuesta por la enseñanza tradicional, el que corra el riego de introducir las redes y la comunidad virtual como entorno natural en el que llevar adelante los procesos de enseñanza-aprendizaje, no en sustitución sino como extensión del aula, habrá iniciado un camino de crecimiento para su entorno que no tiene vuelta atrás.

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